La Ilusión Solitaria - Capítulo 22 - El Orgullo de Veitutxi

Hoy no voy a ser yo el protagonista. Será Veitutxi, es algo que le ocurrió en Mandarina, mientras yo estaba curando mis heridas y como es su historia pues será contada como ella quiso que lo hiciese.



"Tuve un sueño", dijo Veitutxi. "Un recuerdo más bien, de cuando estuve aquí, en Mandarina cuando era tan solo una niña. El sueño era así..."

>>Una brisa serpenteaba por Mandarina para luego morir contra los muros, ventanas y puertas de la ciudad. Desperté en penumbras y silencio mientras pensamientos acuden a mi mente como fantasmas de vidas pasadas y me recuerdan dónde estoy. Me levanté de la cama y mis rodillas parecían pedirle permiso a la noche para levantarme. Estaba débil, inhalé para sentirme viva. Los objetos de la habitación se van transformando en siluetas y mis ojos se fijan en la puerta de la entrada, donde una mesa continuaba bloqueandola. Encima de la mesa estaba mi diario, pues allí fuí.

Cuando dí el primer paso, la madera chirrió bajo mis pies, me paralizé y agudice el oído. Cuando supe que nadie me escuchó continué caminando y me senté en la silla. Encendí una vela y la habitación se iluminó de inmediato. Algo dentro de mi quería expresarse, de contarlo todo. Así pues abrí el diario y tuve esa sensación de que quería el diario que diese explicaciones y así hice. Escribí todo lo que me pasó aquel día.

Tenía miedo. No me gustaba la ciudad. Pasé escribiendo en el diario todo lo que quedaba de la noche hasta que cuando llegó el sol me sentí más tranquila, pero aún sentía que los demonios de Mandarina podían retomar la ciudad. Pero aparté la mesa de la puerta y la dejé donde estaba el día anterior, guardé mi diario y salí de la habitación. Lo único que escuchaba era la gente de fuera, mis padres seguían durmiendo.

Salí de casa y me dirigí sin pensar a casa de la bruja Josefa. No vivía lejos, así que no tarde más de cinco minutos. No me sorprendió ver su casa ya abierta tan temprano, y mentiría si dijese que tampoco me sorprendió que ella dijese que me esperaba.

Josefa iba vestida en chándal, tenía una olla exprés por caldero, y lo más curioso era que para adivinar el futuro tenía que correr. Además era hermosa, siempre lo diré. Estuve allí metida varias horas, pero la mayoría de cosas que dijo no tuvieron gran interés en mi. Todo relacionado con pociones de todo tipo. Solo una cosa de ellas tuvo interés. Fue casi al mediodía, cuando Josefa corrió por toda la habitación durante varios minutos y cuando paró sacó una de sus muchas sonrisas. De esas que se nota que se está satisfecha.

"Volverás a ésta ciudad en muchos años", dijo. "Con dos personas. Un elfo y un vikingo. Uno enfermo y el otro tu pareja. Más que pareja, casados. Estaréis los tres en peligro. El elfo no es lo que parece, es más de lo que lo pintan y menos de lo que dirán. El vikingo será tu aliado. Para vencer a Demencia uno deberá morir. Siete seréis, tres se volverán en contra, tres estarán en el lado de la luz. Seis de los siete volverán a ser amigos después de que la Reina muera. El séptimo morirá".<<

Aquello me dejó estupefacta. Solo escuché que estaría casa con alguien dentro de varios años. Lo demás no quise escucharlo, o eso creí porque lo recuerdo todo como si fuese ayer. Pero por mi orgullo salí de allí enfadada. No pensaba casarme y quise olvidarlo. Aquel día, mis padres y yo nos fuimos de Mandarina.

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