Cuento de lobos

¿Por qué los lobos aullan a la luna? Esa es una pregunta que muchos se han hecho durante generaciones, y los que conocían la respuesta hace tiempo murieron. Todo viene al inicio de los tiempos, cuando los hombres aún no vivían en el mundo y no existía ni el día ni la noche. En éstos días vivían dos dioses llamados Sol y Luna en el que eran amantes y tenían por hijos a lobos, y tuvieron muchos hijos.

El dios Sol les enseñó a sobrevivir, el valor de una familia, a estar unidos, a confiar en ellos mismos, no echar de menos del pasado, a observar, a ver cosas que otros son incapaces de ver, guardar secretos, ver esos secretos y saberlos nada más verlos.

La diosa Luna les enseñó el amor y la bondad, el valor de la naturaleza y la belleza, a amar, a cuidar el entorno, a observar, a leer las caras de sus compañeros y familiares además de los desconocidos.

Cuando aprendieron todo lo que les enseñó los dioses se dieron cuenta del valor que había si juntaban ambos aprendizajes. Lo guardaron como suyo para siempre, pasando de generación en generación. Siempre vivían en manada junto con sus padres, el dios Sol y la diosa Luna. Vivieron felices y en una perfecta paz y armonía durante siglos hasta que aparecieron los primeros hombres.

Estos primeros hombres temieron a los dioses y no tardaron mucho en maldecirlos a los dos dioses. Al dios Sol lo convirtieron en el propio sol y a la diosa Luna a la propia luna. Desde aquel momento el cómputos de días se creó y aparecieron los días y las noches. La maldición no era dar luz y oscuridad, era estar en el cielo buscándose sin saber dónde están.

Desde ese momento, durante el día, los lobos enseñan al sol todo lo que aprendieron de él para que estuviese orgulloso de ellos. Y por la noche, aúllan a la luna para decirle a su madre que la echan de menos. Por eso aullan.

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