La Ilusión Solitaria - Capítulo 21 - La noche aprendiz

Llegamos a Mandarina Veitutxi, Víctor y yo. Ambos muy preocupados por mi salud. Admitieron más tarde que me vieron demasiado pálido y que era demasiado tarde para que me pusiese bien, y más con un mal temporal. Ésta ciudad bastante grande, extendida en el corazón del reino, es más conocida como un sumidero de la iniquidad o injusticia. La mayoría de sus habitantes están involucrados en el turismo, y se considera notable por su agua excepcionalmente pura.

Pero fuese como fuera la ciudad nos dirigimos a la casa de la herboristería, ya que, como dijo el guardia de la ciudad, no había nadie en la ciudad que tuviese tantos conocimientos para la curación que ella. Consiguieron hablar con ella y que me quedase allí hasta que me curase. He de decir que incluso enfermo, estando allí me sentí resguardado y cálido, como los niños que están siendo resguardados por su madre. Mientras duró mi enfermedad mis compañeros no tardaron en buscar información. Así que os relatare lo que ellos me contaron:

Al dejarme allí fueron a la posada a pasar lo que quedaba del día allí, además de que las posadas suelen ser el centro de rumores, secretos y demás. Aquel día aprovecharon para desconectar de todo, aunque no de mi. Pasaron la noche y al día siguiente, sin apenas lograr pegar ojo en toda la noche.

Me contaron que el lugar carecía de comodidades aunque la gente que lo regentaba era humilde. Disfrutaron de un delicioso estofado de jabalí con puré de castañas ese día e intentaron averiguar si alguien sabía algo acerca de los planes de Demencia. Lamentablemente nadie parecía saber nada o no querían contar nada. De lo único de lo que hablaba últimamente entre los parroquianos era acerca de salteadores en los caminos, rumores de guerra y depredadores que atacaban al ganado cada vez con mayor insistencia.

Al cabo de unos días, mientras estaban en la posada después de visitarme, entra un individuo desgarbado con frente amplia y una boca demasiado pequeña enmarcada en un rostro demasiado ancho. Tras saludar a los presentes, el viajero se sienta en una de las mesas próximas a la chimenea y deja su capa secándose al calor de la misma. Parece que nadie en la posada le conoce, pero que Veitutxi y Víctor sintieron que algo de él le infundía gran confianza y valoraron si valía la pena hablar con él o no. Se acercaron a él y éste no dudó en invitarlos.

"¡Ocupad un lugar en mi mesa", parecía cansado, pero su tono era jovial. "Mi nombre es Tony. ¿Con quién tengo el placer de hablar?"

"Somos Víctor y Veitutxi", le estrecharon la mano y se sentaron en las sillas de madera. "¿Os importa si os hacemos unas preguntas?"

"¡Vaya! No se puede ser negar que sois unas personas muy directas", su sonrisa parecía revelar que estaba sorprendido pero, en ningún caso, molesto. "Dime, ¿qué deseáis?"

"Deduzco que por tu aspecto que llevas un tiempo viajando", dijo Veitutxi.

"Deduces bien", se dieron la cuenta de que el interrogatorio ha despertado su curiosidad. "Llevo más de dos inviernos fuera de mi hogar y no espero regresar antes de primavera."

"Entonces, tal vez puedas decirme si has visto algo extraño en los últimos meses. Cualquier rumor referente a las guerras, Demencia, el norte, enfermedades extrañas o muertes inexplicables", acabó diciendo con un poco de prisa Veitutxi.

"Ahora que lo dices, recuerdo haber escuchado algo acerca de Demencia", responde tras meditar un instante.

"¿De veras", parece que finalmente encontraron a alguien que podría tener información útil. "Explicanos todo lo que recuerdes, os lo agradeceríamos".

"Al parecer, todo comenzó cuando varias personas murieron en los bajos fondos de Manía por orden de Demencia. En poco tiempo, las muertes aumentaron y de pronto se hizo evidente que ella exterminaba a todos los que estaban en contra de ella o creía que lo estaban. Por desgracia, nadie quería verse involucrado en aquello y las autoridades se vieron obligados a declarar el estado de excepción en la ciudad prohibiendo a la población a salir de sus casas por las noches y aislando los barrios más pobres. En poco menos de un més, hizo una masacre, pero a un alto precio: tres cuartas partes de los habitantes de los barrios bajos huyeron y fueron cazados y quemados en enormes piras fuera de la ciudad".

"¡Es terrible". dijo Víctor tapándose la boca de horror. "¿Podrías decir cuándo ocurrió?"

"Creo recordar que no menos de dos semanas. Pobre gente..."

"Sí, es injusto que sucedan cosas como ésta", los tres bebieron un largo trago de sus jarras, y tras unos segundos de silencio continuaron hablando. "Muchas gracias por la información, Tony, y disculpa que te preguntara sobre un tema tan escabroso. ¡Hablemos de cosas más alegre!"

No estaban seguros, pero sospechan que esa masacre tuvo que ver con ellos, aunque no descartas del todo que pudiera tener relación. Después de dialogar un rato más con el viajero, éste decidió retirarse a descansar vencido por el cansancio. Poco después ellos también dirigieron a la habitación para disfrutar de una ansiada noche de descanso mientras pensaban en lo que haría Demencia si los pillaba a ellos o a Sonix y su grupo.

Al amanecer, después de tomar un copioso desayuno compuesto de pan de avena y cecina regresaron a contármelo todo. Aquel día descubrimos algo importante, y que en cuanto estuviese mejor partiríamos. Mientras estuvimos en Mandarina, todas las noches, aprendía de la herbolaria todo lo que podía, me aceptó como su aprendiz. Esa mujer sabía más que aparentaba.

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